Siempre me han gustado los libros. Suelo tener varios en mi
mesilla de noche que voy alternando. Esta vez no lo he previsto, no tengo más. Terrible problema; sólo veo una
forma de solucionarlo: utilizar mi tiempo en escribir lo que deseo leer. Puede
parecer absurdo, pero aún no he encontrado el libro perfecto, ese que cuente lo que me apetece. Tomo papel y lápiz. Me
dejo caer en el sillón para poner en marcha mi creatividad. Pero de pronto mi
cuerpo se transforma en algo plano y blanco y comienzan a surgir sobre mi piel
palabras sin parar, un torbellino se desata y en cuestión de segundos todas las
posibilidades están ahí. No entiendo qué
está pasando, pero conozco cada historia, y los libros por escribir. Aquí, escrito
sobre mí, está el libro con el que soñaste, no podrás reclamarlo. Pero si soy papel
¿cómo voy publicarlo?.
