Me leen...

viernes, 19 de enero de 2018

Desaparecido




La imagen puede contener: una o varias personas, personas de pie y exterior
Carl Størmer



Corría el año 1890, en mis manos quemaba la cámara, sabía que en ella había grandes posibilidades; miraba a las gentes pasar, me divertían sus rostros, los ademanes apresurados en unos, la languidez de otros; a veces, se cruzaban ante mí inquietos y traviesos, los niños (con Elizabeth no tuve hijos), cómo deseaba en esos momentos poder guardar sus risas, sus correrías, guardarlas para siempre a buen recaudo. 

Subyugado por el instante, por la perpetuación eterna de ese momento, ideé una lente capaz de conseguir la sensación de movimiento. Feliz, quise airearlo, contar a los cuatro vientos mi logro, pero se cruzó Madeleine en mi vida, y decidimos escapar a París. Su sensualidad me atraía tanto o más que la cámara, y claro, no lo pensé dos veces, tomé una maleta en la que coloqué mis más preciadas pertenencias y al día siguiente, ya en el tren, ella me propuso modificar mi atuendo, aquel ferrocarril me vio llegar como hombre y salir como mujer. 

Hemos vivido todos estos años juntos, amándonos hasta la saciedad, no me arrepiento de ninguno de los minutos de nuestra existencia, pero hay algo que me reconcome por dentro: Me quedé sin el honor de pasar a la posteridad como el inventor del cinematógrafo. Edison me hizo llegar una foto tomada aquel 16 de septiembre, la policía indagaba sobre mi paradero, y él, siempre tan avispado, aprovechó para chantajearme, o le revelaba mis descubrimientos o él mostraría al mundo dónde localizarme. El resto ya lo conocen. 
© Yashira  2018



viernes, 12 de enero de 2018

Déjate llevar




Tanja Jeremic
Collage deTanja Jeremić 


Le he estado dando vueltas al tema, no creas que no. Por un lado tengo que darte la razón, nunca se nos dieron bien las acampadas, pero estarás conmigo en que, salir a hacer meditación las noches de luna llena, era todo un acierto. Otra cosa fue hacer el amor, ahí metimos la pata. Nunca nuestros cuerpos debieron abrazarse, nunca debimos traspasar esa línea tan fina entre la pasión y la sin razón.
Pero aquellas noches, desnudos, entrelazados, y mirando embelesados la luna por tu ventana ¿Quién cambia algo así? Definitivamente tengo que dejar el tabaco, no me hace bien. Y cerrar bien la ventana, que con esa luna dando vueltas en mi cabeza ya tengo suficiente. Olvidarte, sí, ese es el siguiente paso. Olvidar tus caricias, tus besos, tus largos silencios que me erizaban la piel cuando, sin pensarlo, sentía tus dedos caminar en mi espalda, olvidar el sabor de nuestras comidas al sol, sentados en la arena, olvidar...
- Hola ¿Cómo estás?, dije que no llamaría pero... Hoy no puedo olvidar, mañana quizás. - 
© Yashira  2018


En el circo de la vida, perdemos la mirada.


Thomas Hoepker



Comencé en esta profesión pensando que haría felices a los niños, pero la mayoría se asustan.

Los padres me contratan, y al llegar a la fiesta, he de explicar a los más pequeños que no deben llorar, que vengo a hacerles reír. Claro, ellos saben, te miran a los ojos y saben que tú no eres lo que aparentas. Por eso, cuando salgo del trabajo procuro rodearme de adultos, así puedo pasar desapercibido. 

- Ah, que mi indumentaria te hacía pensar otra cosa ¿verdad? - Pues no, así vestido nadie se fija en mí. 

Ya en casa, cuando me desprendo de pinturas, ropas y demás, me muestro. Con los años he aprendido a vivirme, aceptarme y disfrutarme, tal cual. 


¿Y tú cuándo te quitas la máscara? ¿O has crecido tanto que ya nunca te miras a los ojos? 


© Yashira  2018



Para el primer tema de 2018 en ENTC, escribimos en blanco y negro.









viernes, 22 de diciembre de 2017

A tu burbuja.



La imagen puede contener: 1 persona, exterior
Lu Wenpeng (Foto ganadora en los Siena International Photo Awards 2017

Cuando te veo pasar con esa agilidad envidiable, sin darte cuenta de mi presencia, siempre me pregunto cómo entrar en tu mundo, quiero llamar tu atención, decirte que estoy aquí, mirándote y maravillándome por tu destreza, fuerza y elegancia; cómo decirte que me gustas, que mi vida está vacía en este espacio pequeño, que aunque siempre me sentí afortunada por tener lo que tengo, desde que me crucé contigo, soy desgraciada; anhelo conocer tu forma de vida, saber qué desayunas, con qué te diviertes y qué te hace sonreír. Permíteme alcanzarte, acariciar tu cara, besarte. Pido permiso para amarte. 

© Yashira  2017




martes, 19 de diciembre de 2017

Les protejo con amor



Resultado de imagen de El hada del bosque ojos azules
Imagen tomada de Internet
                                

Un pequeño gusano se disponía a comer su jugosa hoja cuando cae violentamente al río, navega corriente abajo sobre el improvisado barco, sin rumbo, hasta chocar contra una roca y termina sumergido en las frías aguas, tembloroso y asustado. De pronto nota calor, un calor reconfortante y una luz brillante que sale de unos ojos azules como el cielo. Alguien le sonríe, lo posa sobre una rama y desaparece.

En ese mismo instante varios conejos huyen despavoridos. Uno dice a su madre que corra más deprisa, tienen que huir. Pero la madre yace en el suelo, el gazapo al tocarla se tiñe de rojo. Ella, apagándose poco a poco, rendida, apoya su hocico en la tierra. De repente, la herida va cerrando y unos ojos claros le dan sosiego y calor, un calor placentero, agradable.


Pocos metros más atrás, un cazador se queja, maldice la rama que cayó clavándose en su hombro y disparando la escopeta que espantó a los conejos. Sangra abundantemente. Aturdido, ve la figura de una mujer con grandes ojos azules que le transmite frío. El frío sale de ese ser, no la distingue bien, parece una criatura alada. “¡Mejor me largo!”, refunfuña, mientras recoge sus trastos.

© Yashira  2017




De nuevo me he atrevido a asomarme a ENTC, hacía mucho que había cerrado la ventana y la vuelvo a abrir, qué felicidad leer tantos relatos entrañables, de entrañables conocidos.



viernes, 5 de mayo de 2017

Ex Director de Colección

Viernes Creativo.

cabezas muñecos Elena Casero 2
Imagen de Elena Casero Viana


En el mapa no aparecía, y el GPS quedó en stand by al intentar incluir datos inexistentes ¿Cómo encontrar un lugar sin nombre? 
Decidí seguir al navegador que nunca falla, mi intuición. Bajé del coche, senté en el suelo y cerrando los ojos relajé mente, corazón y espíritu. La imagen no tardó en aparecer nítida en mi interior, como embudo me engulló y el torbellino de emociones se desencadenó hasta tal extremo que entré en apnea sin percatarme. Fue el sobresalto antes del desmayo lo que me hizo reaccionar volviendo a la realidad, ahora todo estaba resuelto, solo debía subir al vehículo y seguir las coordenadas de mi instinto. Así lo hice. Escasamente una hora después, tras derrapar, cruzar un pequeño arroyo y quedar casi atascado en medio de la nada, ahí estaba, mi destino dibujado en el horizonte. Resultó más sombrío de lo que recordaba, aquellos muñecos abofetearon mi memoria, regresé al internado y a las largas tardes atados a la valla por negarnos a comer ese caldo oscuro que llamaban puchero ¿Cuánto tiempo había pasado?

La misión encomendada era precisa, hubiera resultado fácil llevarla a cabo y marchar, pero las cosas no son lo que parecen ¿Cuántos muñecos había? ¿Ocho? ¿Nueve? Traté de serenarme, centrar la atención en el objetivo y marchar antes del anochecer.

Desde el otro lado del teléfono la voz del antiguo Director había sonado insistente, repetía que no debía abrir la maleta, sólo encontrarla y traerla ¿sencillo no? Pero llegados a este punto me doy cuenta que la sencillez tampoco es lo que parece, no indicó dónde buscarla, ni cómo era, tan sólo dijo que podía estar enterrada ¿Enterrada? 
De nuevo serían los impulsos de mi intuición los que guiarían mis pasos. Esta vez no hizo falta sentarme, la angustia que iba llenando mi estómago azuzó la percepción, entré con los ojos cerrados, si los abría, si miraba aquellas paredes, aquellos muebles, probablemente nunca la encontraría. Algo lastimó mi pie, tuve que mirar y recogí lo que parecía el palo de una azada. Hurgué con él, ahí debía buscar, lo sabía, con cuidado fui apartando restos de losas, tierra y piedras hasta llegar a ella, al moverla los huesos se desparramaron, el tiempo y la humedad habían resquebrajado su estructura. Antes del golpe seco que hizo crujir mi cabeza, un instante de lucidez: nunca saldría de allí. 
© Yashira  2017


cabezas muñecos Elena Casero
Imagen de Elena Casero Viana



lunes, 20 de febrero de 2017

Teleoperador en celo




Semana 19 de REC.

Imagen relacionada
Imagen tomada de Internet

En el lugar más recóndito de la isla te encontré, buscaba otras cosas, agua, comida, eso que, cuando aterrizas en una isla desierta se convierte en esencial, a ti nunca te habría buscado. Si sería difícil explicar cómo llegué hasta aquí, no quiero ni imaginar cómo llegaste tú, y ya en este punto sólo hay algo a lo que todavía doy vueltas, qué sentido tiene en una isla desierta, sin cobertura, tu insistencia en el nuevo plan. 
© Yashira  2017