Me sujetaron, me ataron, grité sin parar.
Una lanza atravesó la puerta, entró raudo y veloz un caballero con su armadura diciendo a voz en grito: “Dejad en paz a mi amor” y desatándome… “Sube amada mía a la grupa de Rocinante”. Y es que Don Quijote, a todas confunde con su idolatrada Dulcinea. Agradecí la heroica gesta pero eso sí, rechacé su beso enamorado.
Mujer...tampoco es que le costara mucho ¿no? Jjejeje
ResponderEliminarBueno, tiempo. Quién sabe, si su quijote no sería el deseado.
Un beso
Hombre es que besar con amor a alguien que está besando a otra... Pues no sé yo... No parece muy apetecible por mucho que te haya salvado a vida.
EliminarUn beso Enmascarado.
Qué bueno, yashira.
ResponderEliminarSeguro que te vio y vio en ti a la más guapa Dulcinea de sus sueños.
Bueno, vale, no hubo beso pero al menos él se sintió bien y a ti te liberó de los desaprensivos.
Ay, cómo andan algunas cabezas!!!
Un abrazo de Mos desde la orilla de las palabras.
Pues sí Mos, las cabezas no andan muy bien, pero bueno, lo importante es que hay buenas intenciones. El beso no tenía sentido si estaba besando a otra.
EliminarMi abrazo hasta tu orilla.
wow... rechazar el beso de tu salvador, es un final que no esperaba en este relato... claro pedido por alguien quien confunde a todas con su Dulcinea, pues es algo más que prudente.
ResponderEliminarsaludos
Carlos
Exacto, no parece lógico, por cierto, me gusta saber que el Innombrable tiene nombre. Carlos, gracias por revelarlo.
EliminarSaludos.