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Imagen tomada de Internet |
Un
pequeño gusano se disponía a comer su jugosa hoja cuando cae violentamente al
río, navega corriente abajo sobre el improvisado barco, sin rumbo, hasta chocar
contra una roca y termina sumergido en las frías aguas, tembloroso y asustado.
De pronto nota calor, un calor reconfortante y una luz brillante que sale de
unos ojos azules como el cielo. Alguien le sonríe, lo posa sobre una rama y
desaparece.
En
ese mismo instante varios conejos huyen despavoridos. Uno dice a su madre que corra
más deprisa, tienen que huir. Pero la madre yace en el suelo, el gazapo al
tocarla se tiñe de rojo. Ella, apagándose poco a poco, rendida, apoya su hocico
en la tierra. De repente, la herida va cerrando y unos ojos claros le dan
sosiego y calor, un calor placentero, agradable.
Pocos
metros más atrás, un cazador se queja, maldice la rama que cayó clavándose en
su hombro y disparando la escopeta que espantó a los conejos. Sangra
abundantemente. Aturdido, ve la figura de una mujer con grandes ojos azules que
le transmite frío. El frío sale de ese ser, no la distingue bien, parece una
criatura alada. “¡Mejor me largo!”, refunfuña, mientras recoge sus trastos.
© Yashira 2017
De nuevo me he atrevido a asomarme a ENTC, hacía mucho que había cerrado la ventana y la vuelvo a abrir, qué felicidad leer tantos relatos entrañables, de entrañables conocidos.
Felices Fiestas!!!
ResponderEliminarUn abrazo.
Felices Fiestas Alfred!!
ResponderEliminarFuerte abrazo también para ti.